22 abril 2014

Tecnológicas pagarían por pactos de no competencia

Una negociación en la que hay mucho en juego está teniendo lugar en Silicon Valley entre algunos de los nombres más grandes de la industria –Apple y Google entre ellos– en torno a las acusaciones de que estuvieron involucrados en una colusión para evitar que sus empleados fueran contratados por compañías rivales.

Los empleados presentaron una demanda colectiva, afirmando que las prácticas de contratación ilegales costaron a los empleados 9.000 millones de dólares en salarios perdidos. Ahora las compañías están inmersas en sesiones de mediación, con la esperanza de llegar a un acuerdo en el caso en las próximas semanas.

La pregunta que se está susurrando en toda la ciudad ahora es, ¿cuánto tendrán que pagar finalmente Apple, Google, Intel y Adobe?
Las compañías se burlaron en privado de la cifra de 9.000 millones de dólares que los demandantes están buscando, afirmando que representa extorsión. Los empleados, que ascienden a unos 100.000, sugieren que los hechos son tan condenatorios contra las compañías – y tan embarazosos – que no aceptarán un arreglo por menos de una cifra enormemente elevada.

En realidad, la evidencia contra las empresas, que ya llegaron a un acuerdo en una queja del Departamento de Justicia en 2010 sin pagar multa alguna, parece ser tan unilateral como uno se pueda imaginar.

Steve Jobs, el director ejecutivo de Apple en ese tiempo, no podía haber sido más claro en sus intenciones de coludirse con Google para evitar que su compañía contratara a cualquier exempleado de su amigo/enemigo y viceversa.

El director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, fue igual de explícito en un correo electrónico después de que Jobs le preguntó por qué Google estaba tratando de contratar a uno de sus empleados. “Creo que tenemos una política de no reclutar de Apple y esto es una solicitud entrante directa”, escribió Schmidt a su equipo. “¿Pueden detener esto y hacerme saber por qué está sucediendo? Necesitaré enviar una respuesta a Apple rápidamente, así que por favor háganmelo saber lo más pronto que puedan”.

Schmidt claramente comprendía el riesgo legal que crearía ese acuerdo. En otra cadena de correos electrónicos similar sobre la política con otra compañía de tecnología que ostensiblemente era parte del cartel de no contratación, dijo a un colega que lo comunicara “verbalmente ya que no quiero crear un rastro de papel por el cual pudiéramos ser demandados después”.
Bueno, aquí estamos.

Sabían del riesgo
¿Cuán profundamente arraigada estaba la política de no contratación? Cuando Google intentó contratar a un empleado de Apple basado en París, Google literalmente buscó el permiso de Jobs primero. “A Google le gustaría hacerle una oferta a Jean-Marie Hullot para dirigir un pequeño centro de ingeniería en París. Bill, Larry, Sergey y Jean-Marie creen que es importante tener tu bendición antes de seguir adelante con esta oferta”, escribió un vicepresidente de Google a Jobs.

“La relación de Google con Apple es extremadamente importante para nosotros. Si esa relación de alguna manera se ve amenazada por esta contratación, por favor házmelo saber y dejaremos pasar la oportunidad”.

Jobs posteriormente objetó y Google rescindió la oferta al equipo de Hullot. “Steve se opone a que Google contrate a estos ingenieros”, escribió el vicepresidente. “No dijo por qué, y no pienso que sea adecuado que le pida una aclaración. No puedo arriesgar nuestra relación con Apple para hacer que esto suceda por encima de sus objeciones”.

Todo esto plantea un interrogante razonable: ¿alguna vez es apropiado acordar con una compañía ‘asociada’ no contratar a un empleado?

Algunos abogados sondeados sobre el tema, la mayoría de los cuales se negaron a comentar públicamente porque trabajan en una de las docenas de empresas involucradas en el caso de Silicon Valley, dijo que podría ser permisible que una compañía decidiera contra la contratación de un empleado de un socio de negocios en un caso específico -aun cuando fuera solo para mantener buenas relaciones con la compañía –, pero que una prohibición amplia sobre las contrataciones como parte de una estrategia sistémica sería claramente anticompetitiva.

Algunos abogados defensores argumentaron que en tanto no haya un acuerdo declarado recíproco, las compañías tenían amplia libertad sobre sus prácticas de contratación.
Pero los ejecutivos involucrados en los más altos niveles de la camarilla de no contratación parecen haber sabido que era ilegal, o al menos que estaban entrando en un área sustancialmente gris.

“No hemos firmado nada”, dijo Paul Otellini, director ejecutivo de Intel, a un colega sobre el acuerdo que alcanzó con Schmidt de Google. Tenemos un pacto de ´no reclutamiento’ sellado con un apretón de manos entre Eric y yo. No me gustaría que esto se supiera ampliamente".
Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook y exempleada de Google, dijo en un documento judicial: “Google acordó, a solicitud de Intel, no solicitar a los empleados de Intuit que estarían involucrados en las discusiones y/o la potencial asociación”.

Por supuesto, quizá sea difícil simpatizar con los ingenieros de Silicon Valley, quienes a menudo reciben paquetes de compensación de alrededor de medio millón de dólares, si no más.
Entonces, ¿cómo determinar cuánto se perdió verdaderamente por esta colusión para no contratar? Eso es difícil de determinar

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