15 febrero 2015

En Argentina, la Generación Z supera barreras en tierra para volar en la red

Cloe Barrios tiene 10 años y se pasó el último ahorrando para comprarse un iPod, ayudada por las remesas de una tía en Francia y el apoyo final de su madre: en Argentina, la Generación Z hace malabarismos para estar al día con la tecnología.

La tercera economía de América Latina y referencia cultural en la región fue uno de los países más adelantados en los años 90 con la fiebre de la interconexión de redes.

Pero hoy es presa de una economía golpeada por la inflación, moneda devaluada y control de divisas que han provocado fallas de infraestructura y faltas de productos electrónicos.

Cloe es una de las afortunadas que tiene su "juguete" con la marca californiana de la manzanita: "Somos solo cuatro en la clase que tenemos iPods", dijo a la AFP. "Seis tienen celulares y una tiene un iPhone pero es porque se lo presta su mamá", detalló sobre su clase de 28 alumnos.

Su iPod en particular fue traído de Chile, el país de América Latina donde hoy es más accesible la tecnología.

En cambio Argentina, donde aún no hay 4G, es el segundo país de la región -detrás de Venezuela- en el que se necesitan más salarios promedio para adquirir productos tecnológicos, según la consultora Marco Marketing Consultants.

Para comprar una computadora portátil un trabajador argentino necesita 2,20 salarios en promedio, mientras que un chileno menos de un salario (0,96).

Todos leen diarios impresos

A diferencia de Cloe, que asiste al colegio público Mariano Acosta -una institución con prestigio que tiene entre sus ex alumnos al escritor Julio Cortázar-, Candelaria Zapata vive en el barrio de clase media alta de Palermo y va a una escuela privada.

Y adora su celular: "Es mi mejor compañero, me hace selfis, arma mis videos musicales y me conecta", cuenta la niña de 11 años.

Si bien entre las clases medias y altas es frecuente escuchar que "es una pena" que no exista gran oferta de productos Apple -fetiche de los jóvenes de hoy-, Candelaria no se acongoja.

Más bien se ufana de tener "un Samsung que [le] permite hacer hasta videos musicales, que está hecho en Tierra del Fuego", dice en referencia a la marca asiática que en apego a una ley de estímulo de producción nacional ensambla sus teléfonos, televisores y tabletas en el sur patagónico del país.

En Argentina no hay tiendas Apple. Sin embargo, hay una cadena que comercializa los productos de la marca californiana, cuyos precios traducidos al dólar oficial de 8,60 por peso o incluso al paralelo (que oscila entre 12 y 13,60), serían caros hasta para un trabajador clase media estadounidense.

La McBook Air más básica, de 999 dólares en Chile, México y Estados Unidos, se consigue en Buenos Aires a 24.199 pesos (2.813 dólares). Un iPad está en 12.599 pesos (1.465 dólares) contra los 499 dólares que cuesta en Nueva York o Miami.

"Esto debe explicar que todo el mundo lea diarios impresos, eso es lo que más me impresionó al llegar a Argentina", contó a la AFP Mike Snow, un estadounidense que llegó al país el año pasado.

Conectando igualdad

Desde 2010 el gobierno entregó 4,7 millones de netbooks en el marco del plan Conectar Igualdad, convirtiendo a este país en líder de la distribución de computadoras en escuelas públicas.

Pero la falta de capacitación docente y el desfase tecnológico frente al celular inteligente son sus principales críticas.

Enrique Carrier, analista del mercado tecnológico en Argentina, considera este plan "muy valioso a nivel nacional, porque de alguna manera da una primera herramienta que ayudará a comprender el acceso a la red, sobre todo en provincia".

Pero reconoció a la AFP que el "smartphone" es la herramienta que más acorta la brecha digital.

"Todo el mundo se compra un celular multifuncional, y la mayoría accede a las redes sociales" en un país de 42 millones de habitantes, donde el 47,5 por ciento de los hogares tiene Internet, según la consultora Infolatam bajo estadísticas del Banco Mundial.

"Aquí somos como los cubanos, nos pueden faltar cosas, pero siempre nos las arreglamos", narró la madre de Candelaria.

Las barreras son cosas de adultos, Cloe y Candelaria sobrevuelan brechas digitales con un dominio tecnológico comparable a un chico en San Francisco o Estocolmo.

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