29 septiembre 2017

Lanzan prototipo de cohete y sueñan con poner en órbita satélite boliviano


Sesenta años después del histórico lanzamiento al espacio exterior del satélite ruso Sputnik, un grupo de estudiantes de electrónica de la ciudad de El Alto están dando sus pininos en la carrera espacial en Bolivia, con la propulsión de embrionarios cohetes a fin de desarrollar en el futuro un lanzador capaz de poner en órbita una carga útil y de crear un instituto de exploración espacial boliviano.

Los entusiastas estudiantes han realizado más de 50 experimentos desde la creación, en 2011, del proyecto denominado Inter Cosmos, incluyendo un lanzamiento del pequeño cohete Bolivia, que el 2 de septiembre alcanzó la altura de 1.200 metros en una zona desértica en una planicie de El Alto rodeada de cerros.

Este domingo 1 de octubre se harán, al menos, dos lanzamientos de pequeños cohetes experimentales con la carga de un combustible más potente para ganar mayor impulso antes de dar el paso siguiente, que es el lanzamiento de un cohete de mayor envergadura (2,2 metros de alto) desde una plataforma de dos metros cuadrados por 1,70 de alto, o sea, una base de lanzamiento espacial en miniatura.

Los soñadores del proyecto son Limbert Mamani (27), Joaquín Germán Plata Huanca (25 años) y Álvaro Rodrigo Calle Tancara (22), estudiantes de la carrera de electrónica en un instituto de la ciudad alteña, quienes confiesan que están acrecentando sus conocimientos sobre el tema basados en el ensayo y error, puesto que no hay referencias bibliográficas disponibles sobre carrera espacial, pues los países líderes en la materia guardan celosamente sus conocimientos.

Inspirados en Koriolov

Serguéi Pávlovich Koroliov fue un ingeniero ruso pionero en el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales y luego del programa espacial soviético que, con su equipo, lanzó al espacio el satélite Sputnik el 4 de octubre de 1957, logro que cambió la historia del mundo.

La conquista de Koriolov inspiró a los estudiantes alteños, que bajo esas directrices empezaron la construcción rudimentaria de sus cohetes y las pruebas de combustible elaborado con compuestos químicos, que más de una vez se inflamaron antes de tiempo.

“Hemos sufrido accidentes con quemaduras de primer grado, pero seguimos optimistas, no podemos quedarnos ahí. Los factores climáticos influyen; es algo peligroso, pero esos accidentes ayudan a prevenir en el transcurso del diseño. Si trasciende el proyecto, queremos formar un pequeño instituto de exploración espacial; nuestro sueño es poner en órbita un satélite con tecnología boliviana en 2025, para la celebración de los 200 años de independencia de Bolivia”, manifestó Limbert Mamani.

“Estamos en el momento indicado para decir que Bolivia está empezando a sondear el espacio, como en 1957, cuando se lanzó el primer cohete espacial.
Esperamos que estudiantes y científicos se sumen al proyecto. Hemos tenido trabas, no nos querían apoyar, por eso lo estamos haciendo por nuestra cuenta. Mientras nos quieran colaborar serán bienvenidos, porque la tecnología está para servir a la humanidad”, añadió Mamani.

Mamani, Plata y Calle desarrollan su programa en un taller en El Alto; los tres trabajan y estudian, y se reúnen ciertos días de la semana para avanzar en sus investigaciones, para soldar los cohetes y para mezclar las sustancias químicas que utilizan como combustible.

A 60 años de la gesta

El 4 de octubre de 2017 se cumplirán 60 años que nuestra civilización logró enviar un artefacto al espacio exterior: el Sputnik I, que se convirtió en el primer satélite artificial creado por la humanidad.

Lo increíble era que dicho satélite alcanzaba a duras penas el tamaño de un balón de basquetbol y pesaba solo 183 libras, alcanzando orbitar una elíptica alrededor de nuestro planeta en 98 minutos.

El impacto que tuvo el Sputnik sobre el desarrollo tecnológico en el resto del siglo XX es más que importante: se inició la carrera por el espacio, que tendría su culminación a fines de la década de los 80. La entonces Unión Soviética había vencido a los Estados Unidos de Norteamérica en la lucha por colocar el primer satélite artificial.

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